¿Cuánto hay que esperar entre revascularizar y operar, y de qué depende esa espera?

Revascularizar y operar son dos actos quirúrgicos distintos, y entre uno y otro hay una decisión que casi nunca se declara: cuánto esperar. Esperar de más deja avanzar la infección; operar demasiado pronto compromete la cicatrización sobre un lecho que todavía no perfunde. Esta revisión ordena la evidencia publicada entre 2016 y 2026 para responderla por escenario clínico, no con una cifra única.
¿Cuál es el intervalo recomendado entre la revascularización y la cirugía del pie diabético en adultos con enfermedad arterial periférica, según el escenario clínico —infección severa, infección moderada, gangrena seca, osteomielitis y reconstrucción—, medido en cicatrización, salvamento de extremidad, amputación mayor y mortalidad?
Revisión narrativa estructurada con búsqueda sistemática en PubMed/MEDLINE y diagrama de selección tipo PRISMA adaptado, con ventana de enero de 2016 a marzo de 2026 y búsqueda verificada el 5 de mayo de 2026. De 247 registros identificados se retiraron 14 duplicados, se cribaron 233, se evaluaron 58 a texto completo y se incluyeron 15 estudios: 4 guías internacionales, 6 estudios observacionales multicéntricos, 3 unicéntricos, 1 revisión narrativa estructurada y 1 serie de casos. Cada referencia se verificó una a una en PubMed para descartar retracciones.
Las guías IWGDF/IDSA 2024 recomiendan control quirúrgico urgente del foco séptico dentro de las primeras 48 horas, con revascularización simultánea o inmediatamente posterior cuando sea técnicamente factible. El control de la infección no se retrasa esperando la revascularización: aquí está en juego la vida, no solo la extremidad.
Altmann y Uçkay analizaron 838 episodios de infección isquémica del pie diabético en Suiza. De los 608 pacientes revascularizados, la mediana entre revascularización y desbridamiento fue de 7 días (rango 0–14). Ni el retraso ni la secuencia de los procedimientos fueron predictores significativos de fracaso terapéutico tras ajuste multivariado.
Shintani y Obara compararon resección temprana frente a espera vigilante en 66 pacientes emparejados por puntaje de propensión en ocho hospitales japoneses. Cicatrización a un año 90.0 % frente a 68.2 % (p<0.001); mediana de cicatrización 65 frente a 258 días (p<0.01); cero amputaciones mayores frente a cinco (p=0.05); salvamento de extremidad 100 % frente a 90.5 % (p=0.02).
En una cohorte multicéntrica de 194 pacientes con gangrena seca revascularizados, Latz documentó conversión a gangrena húmeda en el 7.7 % dentro de los primeros 30 días, con una media de 13.5 ± 8.6 días y predominio en las dos primeras semanas, sin correlación con el tipo de intervención vascular. La revisión clínica cada 3–5 días durante ese periodo es lo que convierte la vigilancia en una decisión.
AlRashed evaluó 90 pacientes con amputación menor tras revascularización comparando tres ventanas —mismo día, dentro de 7 días y más de 7 días— sin diferencias significativas en los desenlaces (p=0.105). La diabetes fue el único factor pronóstico independiente de mala cicatrización (p=0.028).
Fujii mostró en 84 pacientes con isquemia crónica que amenaza la extremidad que la presión de perfusión cutánea posrevascularización fue el único predictor significativo de cicatrización en análisis multivariado (OR 1.13; IC 95 % 1.033–1.243; p=0.008). Las metas objetivas son SPP ≥ 40 mmHg, presión digital ≥ 30 mmHg y TcPO₂ ≥ 25 mmHg; el índice tobillo-brazo no es confiable ante calcificación medial. La clasificación WIfI estratifica la urgencia: estadios 1–2 cirugía diferible, 3 dentro de 7 días, 4 intervención urgente.
No existe ningún ensayo clínico aleatorizado que compare formalmente los distintos intervalos entre revascularización y cirugía. Toda la evidencia disponible es observacional, con tamaños muestrales modestos y heterogeneidad clínica y metodológica que impide el meta-análisis. La búsqueda se limitó a una sola base de datos, la selección corrió a cargo de un único comité sin extracción independiente por dos evaluadores, y los idiomas se restringieron al inglés y el español, por lo que la literatura asiática y de Europa del Este puede estar subrepresentada.
No hay un intervalo único aplicable a todos los pacientes. La decisión se individualiza por escenario: cirugía inmediata en infección severa, 3 a 7 días en infección moderada estable, resección temprana en osteomielitis digital y procedimiento escalonado en reconstrucción. La clasificación WIfI y la perfusión medida después de revascularizar deben pesar más que el calendario. La atención en centros multidisciplinarios con acceso oportuno a revascularización ha reducido las amputaciones hasta en un 80 % en series europeas.
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