¿Cuándo conservar, cuándo operar, y cuánto pesa la voluntad del paciente?

Conservar o intervenir no es una dicotomía, es un continuo: descargar antes que resecar, resecar antes que amputar, y siempre perfundir primero. Este documento autónomo recorre ese continuo con la evidencia disponible, el catálogo de técnicas quirúrgicas y los criterios de operabilidad —y añade algo que la literatura clínica suele omitir: qué hacer cuando el paciente competente dice que no.
¿Cuándo debe preferirse el tratamiento conservador y cuándo el quirúrgico en el pie diabético, y hasta dónde debe pesar la voluntad del paciente en esa decisión? Los desenlaces considerados son cicatrización, recurrencia, movilidad, calidad de vida, mortalidad, amputación, costo y trazabilidad médico-legal de la decisión.
Revisión narrativa estructurada informada por PRISMA-ScR, en dos carriles: biomédico (PubMed/MEDLINE, PubMed Central y Cochrane, con verificación individual de identificadores y ausencia de retracciones) y ético-legal iberoamericano (Diario Oficial de la Federación, CENETEC/IMSS, SciELO, Redalyc, IWGDF y marcos de decisión compartida), con ventana 2016–2026 y excepciones seminales etiquetadas. Se citan y verifican 149 referencias —132 biomédicas y 17 ético-legales— y se documentan 58 vacíos de evidencia.
Aproximadamente la mitad de las personas con diabetes y úlcera de pie tienen enfermedad arterial periférica. En el ensayo BEST-CLI (n=1,568), el estadio WIfI 4 frente a 1–2 se asoció con amputación mayor con cociente de riesgos de 2.06 (IC 95 % 1.44–2.96). En la base VQI (n=28,727), la amputación mayor o mortalidad a un año ascendió de forma escalonada: 7.7 %, 8.2 %, 14.7 % y 20.2 % del estadio 1 al 4 (p<0.001).
El único ensayo aleatorizado directo (n=52) mostró curación primaria del 75 % con antibiótico frente a 86.3 % con cirugía conservadora (p=0.33), con mediana de cicatrización de 7 frente a 6 semanas (p=0.72) y sin diferencia en amputaciones menores. Con descarga removible, otro ensayo reportó 81 % de cicatrización a 24 semanas. Es evidencia de baja certeza en población seleccionada: no se extrapola al pie isquémico ni a la infección grave.
El análisis post-hoc de dos ensayos aleatorizados (n=171 con osteomielitis) mostró que lograr margen negativo redujo los días de antibiótico (21.0 frente a 37.5; p=0.001) pero se asoció a muchas más amputaciones: 89.9 % frente a 60.9 % (riesgo relativo 5.7; IC 95 % 2.5–13.2; p=0.001), sin ventaja a 12 meses en cicatrización (65.8 % frente a 72.8 %; p=0.47), reinfección ósea (p=0.36) ni reulceración (p=0.85).
En una cohorte prospectiva de 93 pacientes, los márgenes fueron positivos por patología en el 66.7 % y por microbiología en el 80.6 %, con recurrencia global del 20.4 %. El margen positivo no se asoció con recurrencia (patología p=0.82; microbiología p=0.34) ni con el uso de antibiótico posoperatorio (p=0.70), y el 55.7 % de los márgenes positivos se trató sin antibiótico posoperatorio sin asociación con recurrencia.
Un meta-análisis de 47 estudios y 12,604 úlceras asoció una HbA1c ≥ 8 % frente a < 8 % con un odds ratio de amputación de 4.80 (IC 95 % 2.83–8.13), y una glucosa en ayuno ≥ 126 mg/dL con odds ratio de 1.46 (IC 95 % 1.02–2.09). El mismo trabajo no halló asociación consistente entre HbA1c y cicatrización.
Un meta-análisis de 28 estudios y 17,325 pacientes documentó mortalidad tras amputación menor del 3.5 % al mes, 20 % al año, 28 % a tres años y 44.1 % a cinco años. Tras amputación mayor: 6 % a 30 días, 29 % a doce meses y 56.6 % a cinco años. En una cohorte hospitalaria mexicana de segundo nivel (37 pacientes) la mortalidad a cinco años alcanzó el 72.97 %. La reamputación llega al 19 % al año y al 37.1 % a los cinco años.
La remisión de la osteomielitis fue mayor a nivel del dedo (66.7 %) que a nivel metatarsal (40.7 %; p=0.045). La amputación transmetatarsiana tiene reamputación del 28.37 % y progresión a amputación mayor del 30.16 %. Un programa multidisciplinario dedicado bajó la amputación infracondílea del 13 % al 3.6 % (p=0.001), y el cuidado multidisciplinario reduce la amputación mayor con odds ratio de 0.40 (IC 95 % 0.32–0.51).
El rechazo informado exige tres requisitos: capacidad evaluada, información suficiente y comprensible —incluido el riesgo de muerte, que se omite sistemáticamente— y voluntariedad. La NOM-004-SSA3-2012 obliga a carta de consentimiento escrito en cirugía mayor y en cualquier procedimiento que entrañe mutilación, con dos testigos idóneos designados por el interesado ante amputación, y prevé la hoja de egreso voluntario. La Ley General de Salud (artículos 51 Bis 1 y 51 Bis 2) consagra el derecho a información suficiente, clara, oportuna y veraz y a decidir libremente. La autonomía cede únicamente ante urgencia vital con incapacidad de decisión y sin rechazo competente previo válido, dejando constancia en el expediente.
No existe ningún ensayo aleatorizado que compare resección frente a curetaje cabeza a cabeza: toda la evidencia directa es una cohorte retrospectiva de 31 pacientes con riesgo serio de confusión por indicación. Tampoco hay ensayos que comparen técnicas de descarga quirúrgica entre sí ni que fijen el nivel óptimo de amputación. El umbral temporal para escalar del manejo conservador a la cirugía no está validado prospectivamente, y no hay umbral de TcPO₂ aceptado (las propuestas oscilan entre 10 y menos de 34 mmHg). Sobre soporte nutricional, la Cochrane (9 ensayos, n=629) concluye con certeza muy baja que es incierto si mejora cicatrización, amputación o mortalidad. No existe ayuda de decisión validada específica para pie diabético, y una fracción desproporcionada de la evidencia pivotal procede de una sola unidad académica, pendiente de replicación independiente.
La decisión se individualiza por fenotipo, perfusión y preferencias, y se entiende como un continuo. La perfusión y la revascularización previas son el criterio de operabilidad más firme; la comparación entre técnicas quirúrgicas es un vacío real, y el margen óseo residual no se asocia de forma consistente con recurrencia. La voluntad competente del paciente se honra y se documenta. Persiste una ausencia casi total de validación mexicana y latinoamericana: la mejor serie nacional es unicéntrica y de 37 pacientes.
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